Archivo por meses: junio 2014

Relato. Amigas. Amistades.

Estábamos nosotras, en la habitación de la casa donde solemos estar, porque hay cojines y espacio para todas. No estábamos todas, porque nunca lo estamos. Era una tarde común, no tenía nada diferente a otras tardes que pasamos a veces. Tampoco haciamos nada aparentemente, simplemente estábamos, estábamos juntas en silencio. Yo tenía las piernas encima de una, otra tenía la cabeza en mis piernas mientras le hacía caricias a otra, y la otra estaba apoyada con la cabeza en el hombro de otra. No hay nombres, no hay géneros sobre las personajes, ni identidad alguna, nada, podrían ser cualquiera, solo es un relato. Una empieza a cantar en voz baja una canción, casi todas la siguen cantando en voz media-baja. Yo no, no conocía la canción. De hecho siguieron cantando y hasta la tercera canción no empecé a cantar porque no me las sabía. A mitad de canción alguien se rie, nos reimos todas después por la risa contagiosa. «No sé, me ha entrado la risa», dice después de que le preguntásemos qué pasaba. Suena el timbre, alguien de la casa va a abrir, nosotras seguimos a nuestro rollo. Caricias en el pelo, en los brazos, manos agarradas. Una dice en voz fuerte de repente «Sabéis qué!» y nos cuenta una cosa que le pasó, y cuando está a punto de terminar entra otra más, otra amiga. Algunas se ven más habitualmente que otras, otras tienen más confianzas con unas que con otras, otras se gustan y otras no se liarían entre ellas. Amistades. Amigas. No hay nombres, no hay géneros sobre las personajes, ni identidad alguna, nada, podrían ser cualquiera, solo es un relato. Una se levanta y dice que se tiene que ir, que nos vemos pronto, y se despide con un beso en la boca de algunas, de otras se despide con dos besos en las mejillas y un abrazo. Amistades. Amigas. Algunas cambiamos de posturas, se nos ha dormido alguna extremidad o nos duele alguna parte del cuerpo por estar en una determinada postura. Pasa el tiempo y siguen pasando cosas, o no, porque el relato se acaba, el relato de un momento deseado a momentos. Amistades, afinidades colectivas.

matisse20-20la20danza-e1315845595438

Me gusta el guarreo, practicarlo y hablarlo. ¿Y QUÉ?

Me veo en la necesidad de escribir este post a modo de refugio, de crearme una armadura, o mejor dicho de reforzarme la que me han ido destruyendo.
Ha sido, es y será muy frecuente entre mis círculos de amistad y afinidad hablar de sexo. Bueno, para mí lo ha sido. Hablar de mis experiencias, preguntar a mis amigas, hablar de lo que me apetece, lo que me gusta, lo que no, y hacer todo esto con normalidad, que es como me sale. No tengo pudor alguno en hablarlo, ni tan siquiera con desconocidas como hago por ejemplo en tuiter muy amenudo o cuando hay alguien desconocida que está escuchando mi conversación. Soy así, qué voy a hacerle…
Nunca he tenido problema con todo eso, hasta este tiempo atrás. Este tiempo atrás me da más pudor hablarlo, pero no porque yo haya cambiado (que si hubiese cambiado en este aspecto pues vale, no sería un problema) sino porque me han cambiado. Me han cambiado a base de desprecios, caras raras, a base de hacerme el asco, incluso a base de decirme directamente lo mal que está hacer las cosas que hago y ENCIMA hablarlo (porque si te gusta el guarreo vale, pero que nadie se entere, y menos por tus propias palabras). Que debería de darme igual la opinión de la gente, pensaréis. Y así debe ser, y así era. Pero esa armadura que tenía, esa forma de ser tan yo se ha ido perdiendo porque todo ese asco, esas caras raras, esas malas palabras han sido un verdadero bombardeo en este último tiempo, y sobre todo en círculos cercanos. Desde «no me toques con esas manos que a saber qué has tocado», «no me des besos que a saber qué has chupado antes», pasando por hacer otros comentarios sobre mi sexualidad y mis guarradas sin que viniesen a cuento y dejándome en una situación incómoda delante de otra gente, y llegando a decirme alguna amiga que mejor no dormir juntas no vaya a ser que les haga algo por la noche (sin palabras para eso), o que no quieren que me acueste en sus camas por si me masturbo (eso incluso me lo han preguntado una vez al despertarme). Como es fácil de comprender, esas cosas no hacen nada de gracia ni son agradables de escuchar. Cómo no voy a tener pudor por hablar de mis experiencias, gustos o deseos sexuales si solo falta que me escupan. Pero la cosa no se queda ahí por desgracia, ya hasta me da cosa decir quién me gusta, porque en el momento en que digo que alguien me gusta ya se da por hecho que quiero follar inmediatamente con esa persona, sin que pueda haber algo más. Que me gusta guarrear un montón, pero también adoro muchísimo pasar tiempo en compañía y rodeada de gente con la que me apetece estar. Me da hasta cosilla publicar un tuit o mensaje en facebook sobre algo guarro, aunque sea en plan coña, por vergüenza/miedo, u otra sensación que no sé muy bien qué es, a que me vean como «esa persona que solo piensa en follar, masturbarse y guarrear». Y poco más que decir, ya siento más tranquilidad al sacarme esta espinita.

Pero así es La Deny, una persona con la lengua muy larga, para hablar y para hacer el sexo oral.