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Desexualización del sexo

Un título raro, lo sé. Un título que viene a explicar algo que pienso en estos días, pero que viene sucediendo desde los últimos meses en los que he estado trabajando, y no solo trabajando, sino que también podría extrapolarlo a algunos polvos gratis (osea, cuando follo con gente sin que me paguen). La cosa es mientras follo es como si no estuviese haciéndolo: apenas lo disfruto y encima no estoy centrado en ello. Cuando hablo de follar me refiero a todo: besos, caricias, lametones, mamadas, roce, penetración, corridas. Pasa que cuando estoy follando me pongo a pensar «bueno, a ver si se acaba ya», «¿de qué color podría pintar las paredes de este cuarto?», «uhm, tengo que ir a comprar porque no tengo blablabla», y cosas así. Vaya, que estoy en todo menos en disfrutarlo.
Mi conclusión es que he convertido el sexo en algo sin más. He desexualizado el sexo (¡¡¡un horrorrrr!!!). El por qué creo que se debe a que después de follar (gratis o cobrando) una y otra vez sin ganas, sin que haya salido de mi iniciativa propia y mis deseos, en mi mente me ponía a pensar en otras cosas o a esperar y desear que el polvo y el comernos la boca se acabase pronto cuanto antes. Así que una y otra vez así, habrá dado lugar a que todo lo que hacía mientras follaba pero pensaba en otra cosa haya perdido su caracter sexual para mí, porque no le he dado esa importancia sexual, sino que era un quehacer como otro cualquiera; casi como tender la ropa, escribir o qué se yo. La solución que le veo y voy a intentar en las próximas veces es: estoy follando, disfrútalo (o al menos inténtalo), vive lo que estás haciendo y no recrees en tu mente que tienes que ir al supermercado. Y por supuesto: no follar gratis si no tengo ganas de follar.

Cuántas cosas esto de los procesos personales. Por suerte aún quedan polvos y situaciones sexuales que sí disfruto cual perra.