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Relato: «El viejo y la puta»

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Os dejo aquí un pequeño relato que he encontrado por facebook. En el relato el nombre de la puta es el mismo que el de la persona que lo ha compartido (Armienne la Puti), así que deduzco que es real y no un relato ficticio, pero da igual. Ahí va:

<< Aunque aparentaba ser un anciano, no era un hombre viejo sino un poco mayor de 50 años que sufría de trastornos circulatorios por haber fumado mucho y las arterias se le habían estrechado provocándole una impotencia sexual y el pene no se le paraba.
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El viejo vivía solo en una casa amplia y bien iluminada en las afueras del pueblo a la que se llegaba tras abrir una verja y atravesar un jardincillo. Adentro imperaba el buen gusto y una pulcritud perfecta. Había sido profesor de literatura y poseía un estudio con una surtida biblioteca. No se había casado y nunca me habló de familiares o amigos.
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Me llamaba todos los meses tras haber cobrado la pensión que le permitía vivir holgadamente y pagar a una puta como yo.
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Tan pronto llegaba a su casa el viejo me desvestía para que caminara desnuda unos minutos ante él, pasábamos a la biblioteca donde me sentaba en sus piernas para que me acariciara mientras conversábamos de libros y autores y, un poco después, nos tendíamos en un diván que había allí mismo sobre el cual el viejo continuaba acariciándome, me besaba, me masturbaba y me daba sexo oral hasta provocarme un orgasmo.
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El viejo nunca se había desnudado y mientras me hacía el amor usaba un calzoncillito atlético que lo cubría.
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Ya le había pedido con delicadeza que me dejara besarle y chuparle el pene y los testículos y siempre rechazaba la idea diciéndome: «-Armienne, eso es un gusano que solo sirve para mear. Tu no hagas nada y déjame disfrutarte.»
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Pero una tarde insistí un poco más y el viejo accedió.
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Lo senté al borde del diván, le quité el calzoncillo y me arrodillé entre sus muslos. Le lamí y besé los testículos y su «gusano». Con dos dedos sostuve hacia atrás el prepucio para descubrir el glande, tomé el pene en mi boca y empecé a mamarlo.
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Al cabo de un par de minutos el pene creció y se endureció un poquito pero no pasó de allí. Sin embargo, cuando miré hacia el viejo lo vi con su cuerpo tenso, con los ojos cerrados y la cabeza erguida y supe que sentía placer.
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Continué mamando el pene del viejo percibiendo que paulatinamente aumentaban su excitación hasta que sentí que derramaba su leche en mi boca. No fue una venida con fuerza y a borbotones sino como un babeo casi imperceptible.
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Miré hacia él y vi que a su vez él me miraba con una expresión entre incrédula y de gozo. Sin dejar de mirarlo retiré mi boca de su pene y la abrí sonriendo para mostrarle su leche sobre mi lengua. Volví a mamarle el pene, esta vez muy suave, mientras mezclaba mi saliva con su leche y me la iba tragando poco a poco.
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Cuando hube terminado rodeé su cintura con mis brazos y quedé con mi cabeza sobre su regazo.
El viejo dijo: -Armienne, esto no me había sucedido en muchos años.
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Yo le contesté: -Esta es la primera vez que lo hago así.
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Me puse de pié y nos miramos. El viejo me agradeció sin encontrar palabras y me dijo:
-Armienne, nos hemos pasado y no sé cómo pagarte.
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-No te preocupes que la mamada va por mí.
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Me vestí, me pagó, nos despedimos y me fui. En los próximos encuentros volví a mamarle el pene que nunca se le paró lo suficiente como para penetrarme.
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Cada vez que yo iba a la casa del viejo tomaba prestados algunos libros de la biblioteca que le devolvía en nuestro próximo encuentro después de haberlos leído. Un día vi los últimos libros que había tomado durante mi visita y me pregunté qué tiempo hacía que no lo veía. Revisé mis notas y habían pasado más de 3 meses.
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Metí los libros en una bolsa y fui a la casa del viejo. Me encontré el jardín abandonado y una cadena con candado cerrando la reja. LLamé varias veces y nadie respondió. Al viejo nunca más lo vi.
Sus libros los conservo todavía. >>

la puta y el viejo
Armienne la Puti

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