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Baja laboral sin cobrar y cuidado anal

Un mes sin trabajar, un mes sin recibir dinero, sin posibilidad de baja, un mes que me agobio por la precariedad, una semana en casa de mis padre y madre porque se me acaba el dinero, ni para hacer la compra oiga. Y todo por una hemorroide y una fisura, según la médica.
La gente, los tios en este caso, que son muy brutos. Están cachondos y quieren meterla donde sea y como sea. Quedo con uno gratis, pum, dedo al culo sin saliva ni lubricante ni avisar, ¿dónde vas cari? Esto no es la arena de la playa que metes el dedo y haces un agujero facilmente. Dias después, un cliente en un hotel (como me encanta ir a hoteles y sitios caros que yo no pago), pum, otro dedo para dentro sin avisar. En este momento en el hotel me dolió y me dije «aquí pasa algo», mamada, se corre y me voy. Semana después voy al médico porque algo sé que tengo, una hemorroide y una pequeña fisura dice la medica que tengo. Yo solo me veo una hemorroide, o una fisura, ay no sé, no sé ni si me ha hecho buen diagnóstico. Creo que algo ya llevaba arrastrando de antes de estos dos tios, siempre he tenido poco cuidado con mi ano, me lo metia todo dentro sin apenas lubricante o saliva. Pollas, dedos, dildos, rotuladores, zanahorias. Y claro, ahora pago las consecuencias.

En fin, solo escribo esto para desahogarme de mi precariedad económica actual y dejar claro en la nube de internet que uséis mucho lubricante siempre para hacer sexo anal y que prepareis bien la zona antes de meter algo. Y primero siempre un dedo, y luego dos! Creedme, algo así os va a evitar unos problemones que ni os imaginais.

Relato. Amigas. Amistades.

Estábamos nosotras, en la habitación de la casa donde solemos estar, porque hay cojines y espacio para todas. No estábamos todas, porque nunca lo estamos. Era una tarde común, no tenía nada diferente a otras tardes que pasamos a veces. Tampoco haciamos nada aparentemente, simplemente estábamos, estábamos juntas en silencio. Yo tenía las piernas encima de una, otra tenía la cabeza en mis piernas mientras le hacía caricias a otra, y la otra estaba apoyada con la cabeza en el hombro de otra. No hay nombres, no hay géneros sobre las personajes, ni identidad alguna, nada, podrían ser cualquiera, solo es un relato. Una empieza a cantar en voz baja una canción, casi todas la siguen cantando en voz media-baja. Yo no, no conocía la canción. De hecho siguieron cantando y hasta la tercera canción no empecé a cantar porque no me las sabía. A mitad de canción alguien se rie, nos reimos todas después por la risa contagiosa. «No sé, me ha entrado la risa», dice después de que le preguntásemos qué pasaba. Suena el timbre, alguien de la casa va a abrir, nosotras seguimos a nuestro rollo. Caricias en el pelo, en los brazos, manos agarradas. Una dice en voz fuerte de repente «Sabéis qué!» y nos cuenta una cosa que le pasó, y cuando está a punto de terminar entra otra más, otra amiga. Algunas se ven más habitualmente que otras, otras tienen más confianzas con unas que con otras, otras se gustan y otras no se liarían entre ellas. Amistades. Amigas. No hay nombres, no hay géneros sobre las personajes, ni identidad alguna, nada, podrían ser cualquiera, solo es un relato. Una se levanta y dice que se tiene que ir, que nos vemos pronto, y se despide con un beso en la boca de algunas, de otras se despide con dos besos en las mejillas y un abrazo. Amistades. Amigas. Algunas cambiamos de posturas, se nos ha dormido alguna extremidad o nos duele alguna parte del cuerpo por estar en una determinada postura. Pasa el tiempo y siguen pasando cosas, o no, porque el relato se acaba, el relato de un momento deseado a momentos. Amistades, afinidades colectivas.

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