El pijo de Madrid

Os contaré una pequeña anécdota con un cliente al que echo de menos esta noche y otras tantas noches: Hubo un cliente de Madrid que estuvo aquí en la capital y me llamó porque quería contratar mis servicios. Tenía una voz ronca y el tono con el que hablaba era raro, no sabría explicaros, era un tono de como quien te intenta ligar, más o menos. Primero me llamó a las dos de la madrugada, yo acababa de llegar a casa porque había estado con otro cliente antes, y me dijo que si podría quedar en ese momento. Le dije que no, que acababa de llegar a casa, estaba muy cansado y que tampoco podía trasladarme a donde él quería. Su voz tampoco me transmitía muchas ganas de quedar, la verdad. Pero le dije que podía llamarme al día siguiente, bueno en realidad no tengo claro si se lo dije, no me acuerdo de qué hablamos exactamente esa noche, solo recuerdo que me dijo que tenía muchas ganas, y su tono de voz, eso no se me ha olvidado aún. Al día siguiente me llamó para ver si podía quedar, y yo ya estaba disponible, así que quedamos a las 16:30 en un hotel que no diré el nombre (pero cuando me dijo cual era ya intuí que este tio tenía pasta, y entre eso y que se quedaba en un hotel intuí que estaba de viaje de negocios). ¿Cómo recuerdo la hora la que quedamos? Porque llegué más tarde. No encontraba la tarjeta del bus y tuve que pillarme el bus de las 17:00, así que lo llamé y le avisé que llegaría más tarde. Cuando llegué a la capital me pasé por dos farmacias para comprar condones porque me quedaban solo dos (creo). Total, que se suponía que yo debería haber llegado al hotel a las seis o seis y cuarto, pues llegué casi media hora más tarde. Al llegar lo llamé y me preguntó si bajaba él o subía yo. Le dije que bajase a por mí (no quería perderme por el hotel, que seguro me pasaba). Salió un hombre canoso, con coleta, y se puso a fumar. Recé para que no fuese ese, no me apetecía. Volvió para dentro, qué suerte, no era él. Entonces cruzó un hombre por al lado mía, lo miré pero no eché más cuenta, y de repente me sonó el teléfono. Era el cliente, me preguntó si yo estaba al lado de un arbusto, que acababa de pasar por al lado mía y que fuese a la esquina donde se había dirigido él. Fui a la esquina y lo vi, era un pijo, uno muy pijo, vestido con un polo, chaquetón sin mangas de esos pijos, peinado hacia atrás con gomina, pantalón pijo, zapatos caros. Vaya, típico pijo que podrías ver por las calles de Sevilla (de esos con los que yo jamás pensaría que follaría -gratis- y este, a decir verdad, era atractivo). Me acerqué y le dije hola (nada de dos besos, suelo ser discreto por mis clientes), me dijo que se tenía que ir del hotel y que no podriamos follar pero que me pagaría igual los 50€ acordados, yo le dije que lo sentía mucho y que no hacía falta que me pagase, que la culpa de llegar tarde había sido mía. Él insistió en que me pagaría y que me llevaría a donde yo cogía el bus (qué clientazo, joder), y yo le insistí en que no me pagase pero que vale que me acercase a la parada del bus. Dijimos de vernos en unos minutos en el parking del hotel mientras él recogía sus cosas. Tras unos minutos salió con su cochazo del garaje. Era un mercedes, bueno no lo sé porque no entiendo nada de coches (solo de qué color son, vaya) pero era uno de lujo, ah y también tenía una bandera de España colgada del retrovisor (no me extrañaba). Me metí en el coche y nos dirigimos a una gasolinera porque tenía que echar gasolina para poder ir a otra ciudad de Andalucía (no diré el nombre) para una reunión (ya sabía yo que venía por negocios, ¡punto para mí!). En el camino ibamos repitiendo lo mucho que nos jodió a los dos no poder haber hecho nada… y ahí empecé a tocarle el brazo mientras el conducía, a lo que él me cogió de la mano y me la puso en su polla, que estaba dura, y me empezó a decir lo mucho que le hacía falta relajarse (correrse vamos). Ahora recuerdo también que me dijo que era muy tímido y estaba muy cortado, qué simpático eso. Llegamos a la gasolinera y saliendo, además de casi llevarnos por delante una moto, me dijo que iriamos a un sitio donde él estuvo por la mañana de reunión y que allí podriamos estar con el coche, que estaba muy cachondo y que le daba tiempo a hacer algo antes de la reunión. Así que nos dirigimos (creo que se escribe con g, ¿no? bah qué más da) hacia allí. Por el camino yo le seguía tocando la polla y él a mí, y casi provocamos un accidente un par de veces, os lo juro, pero no solo por tocarnos las pollas, sino también porque él estaba cachondísimo con ganas de llegar a algún lado y además no se conocía Sevilla. Por unos segundos pensé que tendríamos un accidente, de verdad. Llegamos a un semáforo y yo retiré la mano porque había gente. Miré para el lado y vi a una chica que estaba ahí y me estaba mirando medio sonriendo medio riéndose, ¡me había visto toquetearle la polla! qué buen momento fue ese, muy simpática la chica además. Total, que llegamos a los aparcamientos donde teniamos previsto ir y lo siguiente que recuerdo es estar comiéndole la polla y él diciéndome que nunca había comido una polla y que la mía le apetecía, así que lo invité a que me la comiese. Se le vió disfrutar chupándola y yo chupándosela. De repente, lo llamó el jefe al movil, y no sé si no lo cogió y llamó una segunda vez, o si se lo cogió a la primera, la cosa es que le dijo que ya estaba saliendo de Sevilla. Y tras colgar el teléfono me dijo, literalmente: «me podré buscar problemas en el trabajo, pero merece la pena». Tras eso nos corrimos y nos limpiamos. Disfruté mucho, es a día de hoy el único cliente que me ha atraido físicamente. Ah, se me olvidaba deciros que durante todo el tiempo que estuvimos haciéndonos mamadas, había un tipo en el aparcamientos, lo cual le daba más morbo al asunto. Después de abrocharse los botones de la camisa arrancó el coche y se disponía a llevarme a mi parada de bus. Mientras cruzábamos un puente le llamó un compañero suyo, y por lo que intuí de la conversación había problemas con no sé qué. Me dejó en una calle porque ya sí iba a llegar tarde y además había problemas con la reunión y el contrato que iban a hacer. Así que eso fue todo, yo diciéndolo adiós en voz baja mientras él se despedía con la mano y arrancaba el coche mientras hablaba por teléfono. Y no os preocupéis, que sí me pagó, pero no recuerdo en qué momento exactamente y por eso no lo he dicho.
Adoro a ese cliente, me gustó. Y, aunque a mí el poder económico de la gente nunca me atrae, con este sí. Me atrae que tuviese viajes de negocio, que tuviese ese cochazo, que me fuese a dar la pasta aún sin haber hecho nada al principio, y aún mejor: me hizo mojar bragas cuando me dijo que ya quedariamos una noche entera (¡sabéis cuánto dinero sería una noche entera! Si fuese todo ese dinero en otro trabajo no me haría tanta ilusión, pero que me paguen 500 euros por follar y pasar la noche pues me gusta más). Pero aquí viene lo terrible: mi idea era llamarlo cuando yo fuese a Madrid (que es pronto), pero la cosa es que me robaron el móvil hará cosa de un mes y perdí su número. Maldita sea, tias. En fin, se quedará en un recuerdo. Ojalá que vuelva a Sevilla y me llame.

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