Relato Puerco: Follando con una amiga

Ayer por la noche, sin saber muy bien el por qué (quizás fue fruto de un post que escribi en feisbu), empecé a fantasear con una amiga. Y a mí, como me parece bien compartir estas cosas, pues ahí va. (Las partes del relato no tendrán conexión unas con otras, pero es así me lo imaginé).

Estábamos en su casa, más concretamente en su cama. Ella me había amarrado las manos, a través de una cuerda larga, a las patas de la cama, dejandome con los brazos extendidos e inmovilizados, lo que además me dejaba la cabeza agachada y sin poder moverla a más de diez centimetros de altura del colchón, y a su vez, con las rodillas junto a mi vientre, me amarró una cuerda que iba desde desde mis tobillos hasta mis manos, impidiendome así mover también los pies, pero lo más importante de esto último era que al estar así mi culo estaba medio en pompa, hacia arriba. Una vez amarrrado y casi inmovilizado por completo, me empezó a azotar, no sé por qué pero recuerdo haber imaginado que eran 15 los minutos que me azotaba, deben de ser por las ganas de que me azoten jajaja. Creo que fue con un látigo de estos que tienen el mango corto y las tiras de gomas, como el que yo tengo vaya. De izquierda a derecha, y de derecha a izquierda me azotaba. También recuerdo que me dejaba el culo rojo. Después de los azotes se echaba bastante lubricante en el dedo, y antes de hacer nada con el, empezó lamerme el culo, su lengua se movía en circulos a por de mi ano, y luego los movimientos eran de abajo a arriba. En este momento, me di cuenta que estaba gimiendo y haciendo ruidos raros, con mi hermano dormido en la cama de al lado. ¿No os pasa que imaginais cerdadas y de repente os dais cuenta que estabais haciendo ruidos, respiraciones fuertes y gimiendo? Total, que estos ruiditos y respiraciones fuertes me acompañaron a lo largo de la fantasía, no podía evitarlo porque cinco minutos después de pensar «venga, no hagas ruido», volvía a hacerlo. Daba igual, de todas formas mi hermano dormía por completo. Sigo con el folleteo con mi amiga: después de haberme comido el culo, y haber gemido cual perra (tanto en la fantasía, como fuera de ella), acercó su dedo lleno de lubricante a mi ano y lo metio, y una vez dentro lo metia y lo sacaba, un par de veces, y luego, estando dentro, lo movia en circulos, supongo que masajeando la prostata. Yo recuerdo que pegaba la cara al colchon y gemía mientras ella hacía eso, me lo pasaba de puta madre. La siguiente imagen que aparecía en mi fantasía, después del ano, era ella tumbada boca arriba y yo encima, aunque no se veian nuestros cuerpos enteros, solo sus piernas abiertas y su coño, y mi cintura con un strap-on (cinturón con dildo, para quienes no lo sepan). Recuerdo que era de color rojo-morado. Entonces yo frotaba el dildo por su clitoris y su coño, y lo metía, y segundos después mi pene se ponía en erección y metia también mi pene. El dildo y el pene juntos, bailando con una doble penetración dentro de su coño, hacia dentro y hacia afuera, y frotandose contra su clitoris y sus labios vaginales. En ese momento ella empezaba a gemir, a gemir muchísimo, era una situación muy caliente, tanto a nivel de imagen como sus gemidos que yo imaginaba. De esa imagen salté de golpe a otra situación distinta: una performance, con gente mirando, y en la que ella me penetraba con un dildo. En este momento paré, paré porque no paraba de moverme en la cama y me estaba calentando bastante, de hecho, me dieron las tres y medias para dormirme porque ya no había quien me dormiera, si no era con beso negro, comida de coño y sexo anal.

Relato. Amigas. Amistades.

Estábamos nosotras, en la habitación de la casa donde solemos estar, porque hay cojines y espacio para todas. No estábamos todas, porque nunca lo estamos. Era una tarde común, no tenía nada diferente a otras tardes que pasamos a veces. Tampoco haciamos nada aparentemente, simplemente estábamos, estábamos juntas en silencio. Yo tenía las piernas encima de una, otra tenía la cabeza en mis piernas mientras le hacía caricias a otra, y la otra estaba apoyada con la cabeza en el hombro de otra. No hay nombres, no hay géneros sobre las personajes, ni identidad alguna, nada, podrían ser cualquiera, solo es un relato. Una empieza a cantar en voz baja una canción, casi todas la siguen cantando en voz media-baja. Yo no, no conocía la canción. De hecho siguieron cantando y hasta la tercera canción no empecé a cantar porque no me las sabía. A mitad de canción alguien se rie, nos reimos todas después por la risa contagiosa. «No sé, me ha entrado la risa», dice después de que le preguntásemos qué pasaba. Suena el timbre, alguien de la casa va a abrir, nosotras seguimos a nuestro rollo. Caricias en el pelo, en los brazos, manos agarradas. Una dice en voz fuerte de repente «Sabéis qué!» y nos cuenta una cosa que le pasó, y cuando está a punto de terminar entra otra más, otra amiga. Algunas se ven más habitualmente que otras, otras tienen más confianzas con unas que con otras, otras se gustan y otras no se liarían entre ellas. Amistades. Amigas. No hay nombres, no hay géneros sobre las personajes, ni identidad alguna, nada, podrían ser cualquiera, solo es un relato. Una se levanta y dice que se tiene que ir, que nos vemos pronto, y se despide con un beso en la boca de algunas, de otras se despide con dos besos en las mejillas y un abrazo. Amistades. Amigas. Algunas cambiamos de posturas, se nos ha dormido alguna extremidad o nos duele alguna parte del cuerpo por estar en una determinada postura. Pasa el tiempo y siguen pasando cosas, o no, porque el relato se acaba, el relato de un momento deseado a momentos. Amistades, afinidades colectivas.

matisse20-20la20danza-e1315845595438

Me gusta el guarreo, practicarlo y hablarlo. ¿Y QUÉ?

Me veo en la necesidad de escribir este post a modo de refugio, de crearme una armadura, o mejor dicho de reforzarme la que me han ido destruyendo.
Ha sido, es y será muy frecuente entre mis círculos de amistad y afinidad hablar de sexo. Bueno, para mí lo ha sido. Hablar de mis experiencias, preguntar a mis amigas, hablar de lo que me apetece, lo que me gusta, lo que no, y hacer todo esto con normalidad, que es como me sale. No tengo pudor alguno en hablarlo, ni tan siquiera con desconocidas como hago por ejemplo en tuiter muy amenudo o cuando hay alguien desconocida que está escuchando mi conversación. Soy así, qué voy a hacerle…
Nunca he tenido problema con todo eso, hasta este tiempo atrás. Este tiempo atrás me da más pudor hablarlo, pero no porque yo haya cambiado (que si hubiese cambiado en este aspecto pues vale, no sería un problema) sino porque me han cambiado. Me han cambiado a base de desprecios, caras raras, a base de hacerme el asco, incluso a base de decirme directamente lo mal que está hacer las cosas que hago y ENCIMA hablarlo (porque si te gusta el guarreo vale, pero que nadie se entere, y menos por tus propias palabras). Que debería de darme igual la opinión de la gente, pensaréis. Y así debe ser, y así era. Pero esa armadura que tenía, esa forma de ser tan yo se ha ido perdiendo porque todo ese asco, esas caras raras, esas malas palabras han sido un verdadero bombardeo en este último tiempo, y sobre todo en círculos cercanos. Desde «no me toques con esas manos que a saber qué has tocado», «no me des besos que a saber qué has chupado antes», pasando por hacer otros comentarios sobre mi sexualidad y mis guarradas sin que viniesen a cuento y dejándome en una situación incómoda delante de otra gente, y llegando a decirme alguna amiga que mejor no dormir juntas no vaya a ser que les haga algo por la noche (sin palabras para eso), o que no quieren que me acueste en sus camas por si me masturbo (eso incluso me lo han preguntado una vez al despertarme). Como es fácil de comprender, esas cosas no hacen nada de gracia ni son agradables de escuchar. Cómo no voy a tener pudor por hablar de mis experiencias, gustos o deseos sexuales si solo falta que me escupan. Pero la cosa no se queda ahí por desgracia, ya hasta me da cosa decir quién me gusta, porque en el momento en que digo que alguien me gusta ya se da por hecho que quiero follar inmediatamente con esa persona, sin que pueda haber algo más. Que me gusta guarrear un montón, pero también adoro muchísimo pasar tiempo en compañía y rodeada de gente con la que me apetece estar. Me da hasta cosilla publicar un tuit o mensaje en facebook sobre algo guarro, aunque sea en plan coña, por vergüenza/miedo, u otra sensación que no sé muy bien qué es, a que me vean como «esa persona que solo piensa en follar, masturbarse y guarrear». Y poco más que decir, ya siento más tranquilidad al sacarme esta espinita.

Pero así es La Deny, una persona con la lengua muy larga, para hablar y para hacer el sexo oral.

Autoterapia sobre mi adicción al sexo I

Hace ya medio mes que empecé una autoterapia para ir poniéndole alguna solución, la que más me guste, a mi adicción al sexo. La empecé un día o dos después de haber escrito la última entrada.
No me está resultando dificil, la verdad, siempre y cuando siga igual. Ahora, como parte de la autoterapia, me masturbo dos veces a la semana (como mucho tres), por los motivos de que así entre masturbación y masturbación pasan varios días, y el hecho de reducir el número de veces que me masturbo hace que piense mucho menos en el sexo. Ese es mi objetivo, reducir mi obsesión por practicar el sexo y la masturbación, no pretendo follar menos ni masturbarme menos, pero para llegar a una cosa necesito pasar por otra. Obviamente el follar con gente también está siendo nulo, lo cual tampoco es dificil viviendo en mi pueblo y teniendo en cuenta que no soy ni heterosexual ni entro dentro de la normatividad. El hecho de no estar trabajando como chapero también me está ayudando.
¿Cómo estoy notando que voy progresando? Porque no tengo tanto impulso sexual como antes, de eso que te masturbarías donde fuese, ni tampoco estoy pensando todo el día en sexo como antes, ni de la misma forma, a la hora de masturbarme disfruto un poco más y me lo tomo con más calma y pensando en que lo hago para mí así que debo disfrutarlo.
Todo esto me está ayudando a disfrutar mejor de otras cosas, porque el pensamiento y el impulso sexual ya no ocupan todos mis pensamientos, además me relaciono mejor con la gente y disfruto más de su compañía por el mismo hecho, que no estoy pensando en follar ni en ligar con ellas ni nada.

Me doy un tiempo de descanso

He decidido darme un tiempo, tanto en el trabajo como en el sexo gratuito.

La última entrada que escribí hablaba de mi posible adicción al sexo y de que no me importa (aquí podéis leerla), pero me he dado cuenta que sí me importa, porque ya me está causando ansiedad y angustia cuando no tengo prácticas sexuales, y me está incomodando pensar continuamente, cada día, en prácticas sexuales. Además me he dado cuenta que bajo la idea de «si me apetece algo lo hago, no hay nada de malo en el sexo y la masturbación» se ha estado desarrollando mi imposibilidad de controlar mi deseo sexual, llevándome a masturbarme, por ejemplo, a la primera que me entraba el calentón y pensar que nada importaba. Pero sí importaba, porque no le ponía control. Y lo peor es que todo ha tenido como consecuencia el NO disfrutar de mis prácticas sexuales, solo me centraba en calmar mi apetito sexual, y me he dado cuenta que llevo toda mi corta vida sexual teniendo prácticas sexuales no satisfactorias la gran mayoría. Así que he decidido hacer una especie de calendario u horario, de tal manera que entre masturbación y masturbación debe de haber tres días o así, e intentar evadirme de los pensamientos sexuales. Y respecto al sexo gratuito pues lo descarto por el momento, de hecho he desaparecido de las redes de ligoteo como Badoo. La finalidad de todo esto no es otra que controlar mi apetito sexual y saber decirme no a mí mismo cuando me apetezca practicas sexo, además de aprender a disfrutar de mis prácticas sexuales y no centrarme en deborar y follar sin más, quiero sentir lo que hago con placer.Respecto al trabajo pues me tomo un tiempo porque, además de que quiero no estar tan visto en las webs (ya me he dado otros pequeños descansos antes también para irme renovando), pues quiero hacerme fotos más profesionales y no con el móvil como las que tengo ahora colgadas en los anuncios (muy cutre yo, ya ves), y también quiero buscarme un pisito baratito por la capital para poder trabajar con mayor seguridad y así evitar que me termine descubriendo la familia.

Y esta es toda la reflexión. Obviamente no dejaré de publicar, quizás siga teniendo cosas que contar en este tiempo de descanso que me de, y si no igualmente vuelvo aquí cuando vuelva al trabajo o de por finalizado mi autoterapia para controlar mi adicción sexual.